De mi infancia tengo, como todo mundo, datos, lugares y cosas muy grabadas que no se olvidan. Una de esas cosas es el fragmento de una canción que decía "las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas".
Esta canción la escuche en un viaje al que me invitaron mis primos los Savedra al puerto de Veracruz, lo recuerdo con mucho cariño porque me trataron muy bien y la pase de pelos. Este viaje lo hicimos como acostumbraban viajar las familias de antes que eran muy numerosas (ellos eran 8 hijos), en la combi verde que tenian, todos bien acomodaditos y sin la actual fijación de ir todos bien sentaditos y con el cinturón de seguridad bien ajustado.
Ese viaje tuvo de todo, recuerdo que en hotel en el que nos hospedamos carecía de puertas en las habitaciones y todas daban al mismo pasillo, entonces había que avisar en voz alta cuando uno iba a ir al baño o a la cocina para no agarrar desprevenida a alguna prima cuando se estaba poniendo o quitando el traje de baño. Igual habia que fijarse para no dar de que hablar, cuando uno se iba a poner el propio traje de baño.
También recuerdo que cuando estabamos en la playa mi tia nos embadurnada de aceite Menen para bebe, así que cuando mis tios me regresaron a mi casa mis papás tuvieron que verme dos veces para reconocerme, porque estaba mas negro que el propio Obama.
También recuerdo que ya por las tardes y lejos de los calores de la playa nos sentabamos el buen Quicochín y yo en la recepción del hotel y nos tomabamos un refresco que se llamaba Manzanita Deliciosa, que a la fecha cuando pruebo un sabor similar me transporto a aquellas frescas tardes en Veracruz.
De regreso, no pudimos terminar el viaje en la citada Combi, porque se descompuso y tuvo que llegar a la ciudad arrastrada por una grua. Seguramente mi tio Pinole no contaba con ese gasto y tuvo que rascarle a la cartera para cubrir el imprevisto.
Seguramente les agradecí a mis primos y tios en su oportunidad que me hayan invitado, pero quiero en esta ocasión darles las gracias otra vez.
La canción citada se llama El Arriero de Atahualpa Yupanqui y aquella vez la cantó mi tia Martha que canta, toca y platica muy sabroso.
Son pocas las veces que he tenido la oportunidad de platicar con ella, pero cuando lo hago lo disfruto mucho, la última vez que la visité en su casa me dijo: "Mira Ricardito (asi me dice todavía) la vida es muy corta para dejarle de hablar a las personas"
"Las penas y las vaquitas se van por la misma senda, las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas"
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