Tengo un buen amigo (herrrrrmanazo) que se llama Jorge Gutiérrez, que conocí allá en mis años de la U, y desde entonces hemos llevado una gran amistad y siempre que nos vemos nos reímos hasta que nos duele el estomago.

Es que nuestro paso por la universidad estuvo plagado de anécdotas que nos gusta recordar (dice mi mujer que siempre contamos las mismas historias) pero como olvidar el día que estábamos tomando clase de inglés con una viejita que resultó quisquillosa, pues a partír de ese día no regresó, solo por que nuestro compañero Isidoro se paró de su banca y dijo a todo pulmón “ahorita vengo voy a mear”.

O la playera de el maestro de matemáticas que dejaba ver debajo de su camisa de vestir y su impecable corbata un texto que decía “Alguien fue a la playa y nada mas me trajo esta pinche playera”

O la vez que alguien entró al salón diciendo que no nos alteráramos pero que estaban asaltando la escuela. La reacción de todos fue muy variada, algunos escondieron sus tarjetas de crédito, Valvina se metió los anillos a la boca, pero Oscar que se sentaba a mi lado abrió su cartera y cuando nos dimos cuenta de que estaba vacía, le deslicé discretamente 5,000 pesos (de los de entonces) para que tuvieran algo que robarle. Todos pensando que iban a pasar de salón en salón y de banca en banca a robarnos nuestras mas preciadas pertenencias.

O la del compañero  que se lanzó por la ventana el día que tembló y tuvo que pagar el techo de lámina del mecánico de al lado.

 Pues el otro día nos reunimos en un Samborns, (nunca nos ha importado el lugar si podemos platicar un rato) pero fue pasando el tiempo y en lugar de ponernos simples como siempre, empezamos a ponernos de mal humor.

Resulta que en el lugar estaba cantando un tipo que lo hacía bastante mal. La gente se empezaba a retirar del lugar, pensábamos que era por la hora, pero nos dimos cuenta que era por culpa de este personaje que una por una, iba destrozando las canciones que interpretaba.

La gota que derramó el vaso fue cuando dijo en el micrófono “Ahora voy a interpretar una canción de Montaner” y empezó a cantar la de “Procuro olvidarte” de Hernaldo Zúñiga. Mi amigo se enojó y me dijo “Bueno este maestro cree que somos pendejos o que?. Y empezamos a preguntarnos quien lo había dejado entrar. A de ser algo del gerente, dije, por que de otra manera no le hubieran permitido tomar el micrófono.

 Mientras nos traían la cuenta, nos receto otro par de canciones que de plano ya nos estaban indigestando los tacos de arrachera que erróneamente nos habían traido (habíamos pedido pepitos y el mesero, según el, entendió taquitos). Ya de plano molestos con el cantante (porque parecía que lo estaba haciendo a propósito) llamamos al mesero y pedimos hablar con el gerente. No los puede atender en este momento, nos dijo el mesero, pero ahorita que termine de cantar viene.