La sede para la cena de fin de año fue esta vez el ex convento de Acapulco, todo se preparó con mucho cuidado, ya estaba lista la paella, el spaghetti, los romeritos, etc.
Los meseros llegaron temprano y ya preparaban los margaritas de tamarindo (de los cuales yo di cuenta de varios para evitar que cayeran en manos de los menores que en ese momento estaban muy sedientos)

Llegaron los invitados y un poco mas tarde los fabulosos Huracanes de Acapulco que en realidad son un Tsunami de entusiasmo y auque se sabían pocas estas fueron muy bien recibidas por el congregado que para esas horas ya pedía espectáculo.
Las fotos no se hicieron esperar primero los sobrinos, ahora las sobrinas, en fin todos se estaban reuniendo en grupos para ser fotografiados.

Toda esta información la estaba documentando el ingeniero (seguramente para acrecentar su ya extenso archivo filmográfico de momentos destacados de la familia Moya, del cual días antes ya nos había dado una probada).

Todo iba bien, en las mesas los adultos platicaban de lo grandotes que estaban sus pequeños y de repente alguien gritó a toda voz “Hombre al agua” Todos sentimos pánico. Debo confesar que inmediatamente pensamos en Andrés, por sus húmedos antecedentes (ya que en el bautizo de Dorotea llegando, llegando y aventándose a la alberca así vestidito como venía), otros seguramente pensaron en sus hijos que desde que llegamos no habían salido de la alberca, pero no señor, en ese momento se hizo un silencio general los Huracanes interrumpieron “Coincidir” (tantos siglos, tantos mundos, tanta alberca y coincidir…) y de la espesura de la casa de al lado (¿que habría pasado si los vecinos hubieran estado celebrando adentro la llegada del año nuevo?) surgió mojado pero ecuánime como siempre, el ingeniero que en aras de una mejor toma, había dado un paso de mas y sin querer se fue directo al agua, pero también sin quererlo rompió el hielo y como que abrió pista, pues a partir de ese momento todo fue diversión y entusiasmo (de lo que es capaz el inge para amenizar y poner ambiente). Cuando lo vimos sano y salvo algunos no pudimos aguantar, aunque Laura enojada nos pedía que no nos riéramos. Otros mas irreverentes hasta le tomaron foto, hasta que alguien dijo “que siga la música a bailar que aquí no ha pasado nada”.

Mas tarde y pendiente en todo momento de que no decayera el ambiente tan sufridamente conseguido, al lado de los Huracanes interpretó una bella melodía…es en el alma llevar el firmamento y es morir en tus pies de adoración…

Dieron las 12 y empezaron los fuegos artificiales, todos estábamos pendientes de ellos y de los abrazos pero vigilando en todo momento al Raúl (¿haber ahora que se le va a ocurrir?). Pero la fiesta estaba lejos de terminar los chavos querían mas y pedían música para bailar, los huracanes se hacían los occisos y preferían complacer a los mas cautos con temas mas reflexivos (…¿por que me arrastro a tus pies?...), pero finalmente triunfo la juventud y después de mucho pedirla se arrancaron con “No te metas con mi cucu” (que después dedujimos que no la habían cantado porque no formaba parte de su repertorio) en ese momento la fiesta llegó a su climax y así familia por familia fuimos pasando al centro de la pista a bailar (tache para Marcela que pretestando dolor de pie, fue la única que no se paró a bailar). Ahí se hizo presente una vez mas pues todos se movían al ritmo del que desde ahora llamaremos el Paso del Ingeniero.

Con ese ambiente terminó la fiesta, no hubo borrachos que lamentar todos estuvimos a la altura de la fiesta y aunque alguien dijo que Andrés se había emborrachado su madre nos confirmó que no había sido así (imagínate ¿que va a pasar el día que este muchacho se emborrache? Ahí si vamos a sentir páaaanico)

Felicidades Raúl, desde ahora nadie hará una fiesta sin tenerte en su lista de invitados, yo me incluyo entre ellos y haber si ahora en el cumple de Camila te tiras a la alberca, aunque sea la de pelotas