Fué hace unos meses cuando Nana, hermana de mi esposa, decidió casarse. Lo hizo solo por lo civil, pues ella no es muy creyente que digamos y se ha declarado en más de una ocasión Testigo del Rock. Ya tiene dos hijas y aunque invirtió el orden de los factores, estabamos contentos por que finalmente había decidido formalizar su relación. La verdad no nos sorprendía nada de ella, hasta que hace unas semanas se declaró fan de Lucero, creó que ahora si está perdiendo la cordura.

El caso es que asistimos a la ceremonia en el Registro civil de la Delegación Benito Juárez, nos sorprendió la sencillez de la ceremonia, que se concretó a unas cuantas palabras del juez (que no paraba de ver el reloj) y a la firma de los contrayentes. ¿Donde quedó la epistola de Melchor Ocampo aquella que decía "Tu marido como la parte más delicada de tu ser...." En fin, tampoco se requiere ya de testigos y en cinco minutos ya estás afuera con los recién casados, unas cuantas fotos y otra boda express pisandote los talones. Aún así, mi hija Dorotea encontró un momento de silencio (los niños siempre encuentran un momento de siencio) para decirme en voz bastante alta: "Yo pense que esta iba a ser una boda normal..." Yo como era de esperarse le tape la boca y la saque de la oficina. Estaba a punto de explicarle que hay personas que se casan por la iglesia y hay otras que no, pero se me ocurrió preguntarle: ¿Por que dices que esta no fué una boda normal?

Pues porque faltó el beso, me contestó